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El enigma de Los Toros de Guisando

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Monumento emblemático de la Península Ibérica que pasa desapercibido, muchas personas no conocen ni siquiera su existencia. Poco sabemos de estas esculturas. Si conociésemos su origen, el pueblo que las talló, su significado o para que servían, aportarían algo de luz para el conocimiento de nuestro pasado y para saber más sobre los antiguos pobladores de esta región.

Los TOROS DE GUISANDO, son cuatro esculturas de piedra berroqueña, situados en las coordenadas 40º 21´ 40´´ de latitud Norte y 4º 26´ 25´´ de longitud Oeste (Meridiano de Greenwich ), con referencia del centro de la Península de aproximadamente 5 Kilómetros en línea recta, 3º 55´´ de longitud.

Enclavados en la provincia de Ávila, limitando con Madrid. En el término municipal de El Tiemblo y junto a la que fue Cañada Real. Están cercanos al Cerro de Guisando, inicio de la Sierra de Gredos.

Cuatro toros, como los cuatro puntos cardinales, en el centro de la Península Ibérica, que vista desde el espacio, es como una piel de toro estirada; los cuatro toros se hayan mirando al oeste.

Se los ha datado del siglo II o III A.C. siendo su origen y función confusos y han dado lugar a variadas y contradictorias interpretaciones por parte de arqueólogos e historiadores.

Donde están situadas las esculturas ha sido un paso estratégico, de la Meseta Note a la Meseta Sur, utilizado para paso de ganado ya que por allí pasa la Cañada Real, en desuso en nuestros días, pero muy importante en otras épocas; cerca se encuentra una calzada prerromana y una necrópolis visigoda.

¿Sabía quien los colocó allí que estaban marcando el centro peninsular? Su orientación mirando al poniente brumal indica cambio de estación por donde se oculta el sol en invierno.

Lugar de descarga de tormentas eléctricas, le podríamos considerar de gran fuerza telúrica, o zona energética de la tierra. Estos sitios eran utilizados por los pueblos primitivos para conectar con sus dioses, pueblos que adoraban a la fuerzas de la naturaleza. Debido a la energía del lugar sería sitio propicio para enlazar con la divinidad, un centro de culto o centro sagrado; los cuatro toros bien podrían indicar que allí existió en otros tiempos un templo dedicado al dios Tauro, al adorar los pueblos primitivos a las fuerzas de la naturaleza, siendo el toro un animal poseedor de gran fuerza, nobleza y virilidad al que veneraban y festejaban como se demuestra a lo largo de la historia.

En el monte de Guisando, encontramos varias cuevas, entre ellas la cueva de San Patricio, que según una leyenda, llegaba hasta Portugal; otra menos exagerada decía que atravesaba la Sierra de Gredos. Un pastor que habitó en ella aseguró que sólo medía unos cien metros. Bien podía haber sido utilizada por estos pueblos primitivos, que solían residir donde había cuevas para protegerse.

A lo largo de la Historia se ofrecen ejemplos de la importancia que se le dio al toro:

Se han encontrado escenas de caza pintadas en cuevas donde aparecen toros, como si se tratase de rituales mágicos para asegurarse una buena cacería. En España está probada la existencia de toros desde los tiempos paleolíticos, cuando el hombre primitivo vivía en las cavernas.

En Sagunto, aparecieron varias monedas ibéricas con toros en distintas posturas y actitudes.

La Biblia cuenta que Salomón hizo construir una gran fuente que parecía simbolizar el Mundo, sostenida por doce toros que personificaban el poder, repartidos en grupos de a tres, que miraban a cada uno de los cuatro puntos cardinales.

En la Biblia, se cita como el pueblo israelita, mientras que Moisés estaba en la montaña, éstos se dedicaron a fabricar un becerro de oro y adorarle como a su Dios. (Éxodo 32, versículos del 1 al 6).

Otra cita bíblica nos dice que en el reinado de Jeroboam en Israel, hizo el rey dos becerros de oro para que los adorasen como a su Dios. (1 Reyes 12 versículos 28 al 33).

Existe una teoría según opinión de Gil González Dávila que los toros que aparecieron en España se deben a Hércules porque por donde quiera que Hércules o sus compañeros fundaron alguna ciudad o villa en España, existen toros, suponiendo que este Dios mitológico, en la encarnación real que debió tener, era egipcio, y tuvo y rindió, por eso, culto al toro. El antiguo historiador Beloso Babilónico cuando habla del Rey Altadar y su reinado, dice que Hércules, ya viejo, volvió a la Celtiberia y reinó allí hasta su muerte, en el lugar de Cádiz. Joan Vasco en su Chronicón hace a Hércules hijo de Osiris. Otros historiadores suponen que edificaría templos y levantaría aras para la adoración de los toros a los que él reverenciaba. Se cree que fundo varias ciudades y entre ellas Ávila.

Hay una leyenda que nos habla de doce toros blancos, consagrados al Sol, que era el Dios Apolo de la Mitología griega; toros que pertenecían al Rey Augias, dueño de los establos que limpiara Hércules.

¿Podría haber sido Hércules el que fundara un templo para adorar al toro como un símbolo de Dioses, como imagen del Sol o del poder divino, donde se encuentran hoy los Toros de Guisando?

En casi todos los países de Oriente, los reyes a imitación de Ciro, inmolaban toros a los dioses; y en Asiria, el toro tiene a su cargo un importantísimo papel que desempeñar, viene a ser la representación del Ser Supremo que ellos adoraban y que creían.

Según el historiador don J. Carramolino se debería a los fenicios la primera labra de los Toros de Guisando, como “Deidades” colocadas en un bosque sagrado a que concurrieran en sus fiestas.

“Hallároslos allí los “Romanos” y queriendo utilizarlos en su provecho, los dedicaron a otro objeto, convirtiéndolos en un monumento de su gloria y esculpiendo en ellos los nombres de sus héroes”.

Los fenicios, era un pueblo esencialmente comercial e imitaba a los países civilizados, con los cuales mantuvieron relaciones comerciales especialmente Egipto, Grecia y Mesopotamia. Los fenicios fueron un pueblo semítico que se estableció junto al Mediterráneo hacia el año 3000 a. c. dedicándose al comercio fundaron diversos puertos para sus mercancías. En el año 800 a. c. llegaron a las costas de Málaga y Granada donde establecen colonias fenicias.

Hacia el año 725 a 700 a. c. aparecen los primeros elementos fenicios en Extremadura, consistentes en objetos de prestigio para las clases dominantes del mundo indígena.

Las motivaciones religiosas la constituía el hecho de la divinidad doble: Baal y Astarté, tenían otros dioses que tenían relación con las fuerzas naturales.

Baal así nombrado en Siria y en Palestina, en Siria era el señor del cielo propio de una importante divinidad, en Ugarit se encontró un imagen de éste dios s. XIV a. c. En época más tardía aparece la denominación de Baal Samen divinidad que está estrechamente relacionada con el babilónico Bel-Marduk, su animal sagrado era el toro y su culto estaba muy extendido llegando hasta Egipto donde una de sus divinidades relacionadas con el toro es Apis.

Si llegaron a Extremadura también pudieron llegar al centro de la Península para comerciar con los pueblos que allí habitaban y extender el culto al toro, animal sagrado para ellos.

Los Toros de Guisando, podrían ser de origen vetón. Los vettones estuvieron asentados en el sur de la provincia de Ávila y por tanto la mayor parte de las escultura zoomorfas de la ciudad de Ávila y de sus alrededores fueron labradas por dicho pueblo. Según D. José Belmonte Díaz “los vettones eran un pueblo ganadero que asimilo la cultura tartésica con rudeza e imitó el sentido plástico de este pueblo”.

Tartesso era un antiguo reino situado al sur de la Península Ibérica, al parecer correspondería con el Tarsis bíblico. Había formado un extenso imperio en la zona meridional peninsular cuya capital era la ciudad homónima, situada en la desembocadura del río Guadalquivir. Los orígenes son oscuros pero destaca la influencia fenicia. El toro era una figura que abundaba y era muy popular en este pueblo serían ellos los tartessos sus constructores.

Uno de sus monarcas más conocidos es Argantonio famoso por sus riquezas de plata y bronce que señala el centro del máximo esplendor del reino (s.s. VII y VI a. c.) Este reino fue destruido por los cartagineses hacia el año 500 a. c.

El pueblo de Cartago que sostuvo muchas relaciones con la Península Ibérica, adoraba al toro, representando en bronce, al astro del día y a su Rey en una sola pieza, para darle nueva vida sacrificaban seres humanos, llegando su barbarie hasta el punto de que el toro de bronce estaba enrojecido en el momento del sacrificio, para que las víctimas sufrieran mayores torturas y fuera más trascendental el efecto que se intentaba conseguir. Pudiera ser que los cartagineses fuese los que pusieran los Toros de Guisando para marcar el camino por donde iban pasando.

Los pueblos que habitaban la Península Ibérica también empleaban a los toros en sus luchas contra los invasores.

DIÓN CASIO nos habla de la estrategia que un grupo de lusitanos lleva a cabo contra el ejercito desplazado por Cesar a la Ulterior en la campaña 61 a. c. Consistió en bloquear a los romanos soltando sobre ellos varios hatos vacunos con el fin de distraer a las legiones y atacarlas por sorpresa.


Según el maestro Medina en sus "Grandezas de España" la batalla de los Toros de Guisando entre Cesar y Pompeyo, se dio en una ciudad llamada MUNDA; esta ciudad de Munda, presumo yo, que en aquellos tiempos fue cerca de donde hoy llamamos el lugar de Zebreros, en la sierra de Ávila .

Otros autores creen que Munda estaba entre Cadalso y la Villa de Cebreros, junto a Guisando.

¿Estarían Los Toros situados a la entrada de la ciudad como protectores de ella o en la puerta de algún templo que tuviera la ciudad y esta fuera arrasada después de la batalla?

Baltasar Cuartero y Huerta en “El Pacto de los Toros de Guisando” fundándose en un plano de D. José Cornide, afirma que los Toros de Guisando podrían ser parte integrante de un monumento necrológico, cuyos elementos arquitectónicos han desaparecido.

El plano de D. José Cornide, que representa la reconstrucción del templo, se basa en datos ciertos, de la planta del recinto arquitectónico. Los monjes del Monasterios de San Jerónimo de Guisando, le proporcionaron los croquis y dibujos acotados, que le sirvieron de originales, en 1780, cuando intento hacer una disertación arqueológica de los Toros de Guisando. Este plano se encuentra en la Real Academia de la Historia. (Varios de Historia. M. E. 143/27/5)

En la equidistancia que hay entre el primer y el segundo toro y entre el tercero y el cuarto y que mayor que estas dos (perfectamente iguales), es la distancia entre el segundo y el tercero; deduciendo que ésta correspondería a la entrada o puerta del recinto o parte anterior del monumento conmemorativo.

Los cuatro Toros de Guisando se hallan mirando al “Poniente brumal”, esto es hacia el mismo punto del horizonte en que se oculta el sol en el mes de diciembre. La función de este monumento sería fúnebre, templo, panteón de personajes notables o de otra significación.

Pedro Medina en su “Libro de las Grandezas y cosas memorables de España” (1548) y Miguel de Asúa y Campos “Los Toros de Guisando y el Convento de los Jerónimos”:

“ Según el manuscrito Plinio hace mención de cómo al ser vencido Pompeyo en Farsalia por Julio Cesar, huyó a Egipto, donde fue degollado por Ptolomeo; y que el gran ejercito que acaudillaban los hijos de Pompeyo fue desecho en una gran batalla que tubo lugar en la provincia bastetana y Campo Callatio, en el lugar en que están los Toros de piedra bajo el Convento de Guisando; añade que Cneo Pompeyo herido, se ocultó en una cueva que está sobre el Monasterio de Guisando, donde lo mataron suponiendo, que para conmemorar la victoria se levantaron unas columnas en el lugar de la batalla, y atribuye la erección de dos de ellas a un caballero llamado Longino, dado por sentado que esas dos que cita, más otras dos allí inmediatas son los Toros de Guisando“.

D. José Mélida pensaba que estos monumentos son funerarios fundándose en que alguno de ellos contiene inscripciones al parecer sepulcrales; Hüber opinaba lo mismo, que eran estelas funerarias puramente ibéricas.

El Marqués de Lozoya los interpreta como símbolos protectores de los ganados.

Joaquín Costa los califica de “simulacros a los animales que recibían en clase de números divinos o los mediadores de la divinidad” (La religión de los celtiberos) Madrid 1977 Pág. 23.

Para M. Gómez Moreno serían “indicio de estación” (Catálogo Monumental de la Provincia de Ávila).

Gutierrez Palacios cree que eran tótem” protectores de las gentilicias vettonicas.

V. Paredes Guillén y otros, dichos toros podrían ser hitos o mojones o guías que marcaban los caminos pastoriles, estos caminos pasaban por donde había “foramontanos” (imágenes de piedra prerromanas que representaban cerdos, carneros y toros.

Diego Rodríguez de Almella en su Tratado que se llama “Compilación de las batallas campales, escrito en 1487, refiere cómo a la muerte de Escipión el Africano los españoles se alzaron en armas, por lo que Roma envió contra ellos a un capitán llamado Guisando, quien tras dura batalla en tierras de Toledo en el lugar llamado Cadalso, alcanzó una aplastante victoria, en memoria de la cual hizo labrar cuatro estatuas de piedra, a quienes en su tiempo daban el nombre de los Toros de Guisando.

 

Actualmente se puede ver en uno de los Toros una inscripción que dice:

LONGINUS

PRISCO - CALA

ETIQ - PATR - F. C

Según M. Gómez Moreno diría que un Longino erigió estos Toros a su padre Prisco Calético, quizá en cumplimiento de algún voto u ofrenda.

Don J. Martín Carramolino traduce esta inscripción por:

"Longino desea felicidad a su Padre Prisco Calecio"

Quinto Casio Longino fue Propretor a nombre de César, en la España Ulterior, presumiéndose que la erigiese a la memoria de su padre Prisco Calecio, para perpetuar su nombre como ilustre guerrero.

Pedro Medina en su “LIBRO DE LAS GRANDEZAS Y COSAS MEMORABLES DE ESPAÑA “ en las primeras páginas del manuscrito vienen dibujados los cuatro Toros con las inscripciones que ostentaban, y en el texto vuelve a transcribirlas, explicándolas de la siguiente manera, la primera inscripción:

LONGINUS, PRISCO CALLETIO. F. C.

Longino, fue un caballero español, y Prisco Calletio no es nombre de varón sino que son dos nombres, uno adjetivo y otro sustantivo; "Prisco" quiere decir cosa antigua y "Calletio" viene de Ballet, que es un pueblo de España del Convento de Guisando, que sería Cadalso, antes se llamaba Ballet, Calletio el lugar de la batalla y donde están las columnas," y aún cuando los Toros no están en Cadalso, a esta villa la dieron el nombre según la tierra de su sitio"

Traduciendo la citada frase: Longino hizo esas columnas en el muy antiguo lugar llamado Cadalso.

La segunda inscripción dice:

BELLUM CAESARIS ET PATRIE HIC CONFETUM SEX,

ET, CN MAGNI POMPEI, II, FILIIS, HIC INAGRO BASSETA-

NO. R. X. PROFLIGATIS

La traduce así: Aquí fue la batalla entre Cesar y nuestra patria España, y aquí, en el campo de los bastetanos, que quiere decir de los españoles, Sexto Pompeyo y Cneo Pompeyo, hijos del gran Pompeyo fueron desbaratados.

La tercera inscripción es:

CECILIO METELLO CONSULI, II VICTORI EXERCITUS

VICTOR HOSTIBUS FUSIS. F. C.

Nos habla el autor del linaje de los Metello y sus actos y dichos, cuente que fue capitán de Julio césar y contribuyó a derrotar a los hermanos Pompeyos, "El ejercito vencedor, después de desbaratar a los enemigos, levantaron esta columna a Cecilio Metello vencedor cónsul undécimo".

La cuarta inscripción parece que decía:

L, PORCIO, OBPROVINCIAM OPTIME ADMINISTRATAM

BASSETANI POPULI. F. C.

Lo explica diciendo que Plinio, en su Historia Natural, manifiesta que Porcio fue el linaje de éstos y del de los Catones y, que fue éste, Porcio Catón Censoriano, o Marco Porcio Catón, según la obra de Varones ilustres y la de Plutarco; cree el autor que se trata de aquel que ordenó en un mismo día que se derribaran las murallas, de todos los pueblos, lo que todos hicieron creyendo que cada cual sería el único que tal mandato recibía, era el mismo que dispuso otros actos igualmente loables, siendo gobernador de la Bastetania, por ellos los romanos quisieron perpetuar su memoria. Traduciendo lo siguiente. "Los pueblos bastetanos o españoles levantaron a Lucio Porcio esta columna por haber gobernado muy bien esta provincia"

Fernández Guerra y Hübner declararon apócrifas estas inscripciones pues solamente un toro contiene una inscripción que sería la primera.

Según Jorge Díaz Sánchez en su ensayo basado en el estudio etimológico y lexicográfico de los textos de Kriritaias y Timaios en sus versiones grecolatinas, afirma que la civilización Atlantis descrita por Platón, de haber existido, se encontraría entre la Península Ibérica y el Norte del África Noroccidental. Que los textos de Platón habían sido mal traducidos. Los Toros de Guisando serían vestigios de esta civilización así como el acueducto de Segovia. La civilización atlante rendía culto al toro como todos los pueblos mediterráneos.

Después de leer todas estas teorías seguimos preguntándonos ¿quien fue la civilización o el pueblo que los esculpió? No se si algún día lo llegaremos a saber pero sería de gran ayuda que se hiciera un estudio arqueológico del lugar y sus alrededores para tratar de averiguar si de verdad existió un templo o alguna ciudad allí, o se encuentran restos que sirvan para estudiar y nos aproximen más a la cultura de aquella época.

Josefina Mateos

Cebreros 15/04/2003

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